Hemos superado la tentación de quedarnos en el pueblo haciendo degustación de turrones, y hemos subido hasta la cima.
A lo lejos se puede ver la costa de Levante, y el Mar Mediterráneo. Se trata de un pico de unos 1200 metros de altitud. La subida (monte a través) ha incluido algo de escalada, alguna que otra parada para comer y muchas piedras.
Hemos ido pocos, pero ha sido una buena mañana. Nos han acompañado el sol (poco), las nubes, la lluvia, el viento y el frío. Una buena combinación para entrenar el espíritu.
Que sirva de calentamiento para la que nos viene en un par de semanas.
¡ Arigato Gozaimasu !




