Tras haber subido a las partes más altas del monte de El Valle de Murcia, ahora toca subir el pico vecino: el monte de Carrascoy. En concreto, el reto es llegar hasta la antena más alta, cómo no, monte a través.
Una vez aparcados los coches en la base de la montaña, empieza la subida. Y qué mejor forma de empezar, que una pequeña escalada...
Y, tras ella, seguimos por la montaña, una montaña no muy diferente a la que hay en El Valle, por lo menos los primeros metros.
Es cuando llegamos a la primera cima pequeña, cuando nos percatamos de que el monte presenta una vegetación un tanto diferente a la que estamos acostumbrados...
En lugar de tener muchos árboles y espacio entre ellos para poder caminar con tranquilidad, aunque sin perder dureza, esta montaña está formada por una multitud de arbustos de media altura, entrelazados entre sí, y llenos de pinchos que se clavan y arañan.
Decidimos atravesar la montaña en línea recta, dejando de lado un posible camino de tierra. Esta decisión nos lleva, viéndolo a posteriori, a una experiencia inolvidable que a muchos no nos gustaría repetir conscientemente: la naturaleza contra el hombre. La primera resistiéndose al paso del segundo, y éste luchando en grupo para vencerla y llegar a su destino.
El resto, intentando luchar contra la oscuridad, seguía buscando una forma de llegar al final, barajando incluso la posibilidad de pasar la noche allí y seguir por la mañana, ya que se redujo considerablemente la velocidad debido a la poca visibilidad y el cansancio acumulado.
Finalmente, todo salió bien, aunque un poquito más tarde de lo esperado. Encontramos un cortafuegos y, a través de él y sin separarnos ni un centímetro unos de otros, conseguimos llegar a la antena.
La vuelta mucho más tranquila, por aquel camino que decidimos ignorar.
Una experiencia extraordinaria que nos hizo ver que, trabajando en grupo, con paciencia y buena actitud, todo se puede conseguir.
Gracias a todos por vuestro valor y fuerza. La próxima no será tan dura, lo prometo.
¡ Domo Arigato Gozaimasu !